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Parametría en Medios
El dilema (y el peligro) de Mancera
14/May/2012
Por: Milenio
Todo apunta a que el 1 de julio viviremos una jornada electoral inédita: el concepto de carro completo creado por los priistas será el único adjetivo posible ante lo que hoy dicen las encuestas que sucederá en el Distrito Federal con el Movimiento Progresista.

Alentado por una buena calificación de gestión del actual jefe de Gobierno, lo terso de su designación como candidato, su buena imagen personal y el progresivo deterioro de los partidos opositores en la capital, lo que suceda en las urnas este año puede ser peligroso.

Si leo bien las encuestas podríamos tener un jefe de Gobierno con mayoría absolutísima en la Asamblea, más las 16 delegaciones y, seguramente, todas las diputaciones federales y curules del Senado de mayoría.

La autodestrucción panista en el Distrito Federal, cuya preferencia partidista no supera hoy 15 por ciento, podría dar a Miguel Ángel Mancera un resultado mayor del 46 por ciento de Ebrard hace seis años.

Un buen ejemplo es la delegación Miguel Hidalgo, hace mucho tiempo territorio panista. Obsesión de Marcelo Ebrard, tanto que para ser competitivo convenció a personajes como Ana Gabriela Guevara o Guadalupe Loaeza, podría caer ahora en manos de la izquierda.

La más reciente encuesta a la que he tenido acceso "de Parametría" señala que el candidato del Movimiento Progresista, Víctor Hugo Romo, trae 14 puntos arriba del candidato del PAN, Miguel Ángel Errasti (17 por encima del primo del Niño Verde que se quiso disfrazar de ciudadano para engañarnos y hoy va por el PRI).

El PRI del DF sabe que tiene una oportunidad única, por el efecto Peña Nieto, de colocarse en un buen segundo lugar, y el mexiquense estará al menos una vez a la semana en eventos con Beatriz Paredes. No será sencillo acumular votos, el PRI capitalino está dividido, sin victorias hace demasiado tiempo.

Parece ser, sin embargo, el momento de Mancera. La mayoría de la Ciudad de México, dicen las encuestas, está cómoda siendo gobernada por la izquierda. Cada vez más una isla, por cierto, en el país. Tanto así que la elección ha otorgado una ventaja más a Mancera, dos de sus cuatro adversarias, Beatriz Paredes y Rosario Guerra, son políticas cuya historia las ubica en el centro izquierda y sus propuestas, hasta hoy, responden a esa historia. Y la señora Miranda de Wallace hace algunos días me dijo que si no fuera su adversario, le hubiera gustado que de ser jefa de Gobierno, su procurador hubiera sido? Mancera.

Eso complica cualquier campaña. Porque lo que debe ser un ejercicio de contraste, se vuelve imposible.

A partir del próximo lunes, por cierto, dedicaremos los En 15 de esta semana en MILENIO Televisión a conversar con cada uno de l@s candidat@s a gobernar el Distrito Federal. Ya grabamos tres de esas conversaciones y me quedo con la impresión de que estamos frente a candidatos serios, técnicamente competentes, que nos regalarán una campaña llena de contenidos.

Pero volvamos a Mancera.

Dice el ex procurador que nunca se imaginó estar en una campaña. No es un hombre de la política, pero ha sido un eficiente servidor público. Llegó a encabezar la procuraduría capitalina en los difíciles tiempos del New´s Divine.

Se dice de izquierda y quienes conocen su trayectoria saben que tuvo por mucho tiempo ?yo supongo que no la ha perdido ?toda la confianza de Andrés Manuel López Obrador. En 2006 se rumoró que encabezaba la lista para ser procurador o jefe jurídico de un eventual gobierno de AMLO.

Aun así, mantiene Mancera una imagen de hombre con pocas ligas partidistas y una vocación por lo ciudadano.

Pero por más ciudadano que uno sea o tenga tono conciliador y amable, ¿quién resiste el poder sin contrapesos? Una Asamblea Legislativa, 16 delegados y la bancada federal a su servicio?

De por sí, el diseño estructural de la ciudad hace pequeños virreyes sin supervisión ni control a los delegados; tiene un legislativo más débil frente al jefe de Gobierno que a Congresos estatales frente a gobernadores; de por sí? Y todo en manos del mismo partido, encabezado por el mismo señor.

Si a eso sumamos que 15 años de democracia en la ciudad, que han sido 15 años de gobiernos de izquierda, han poblado instituciones de personajes afines: sea en los tribunales locales, el Instituto Electoral o el Instituto de Acceso a la Información, por mencionar algunos, el sexenio de Mancera tiene el peligro de convertirse, paradójicamente, en uno que cada vez más margine a algunas.

Si las tendencias no cambian de aquí a la elección, Mancera tendrá que decidir entre julio y diciembre cómo hacer para ponerse él mismo amarres que le impidan la tentación de tornarse un emperador. En ese dilema se encuentra también una gran oportunidad de tirar lastres que hoy trabajan a la antigüita para la izquierda.
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