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Carta Paramétrica
Las drogas en la opinión pública

La discusión en la opinión pública sobre la despenalización o legalización de la mariguana se puede dar por perdida. Amplias mayorías se han expresado en contra de esta medida de manera consistente en el tiempo. Alrededor de 85% o 90% de los mexicanos rechazan dicha política, y este porcentaje de desacuerdo es aún mayor cuando se trata de drogas “duras” como cocaína, anfetaminas o crack, entre otras.

La percepción ciudadana se sustenta en el hecho de que se considera que al legalizarse o despenalizarse las drogas, su consumo aumentaría. Aun cuando en su variante de uso medicinal controlado sería una disposición más aceptada y se observan segmentos de población con mayor aprobación (a mayor educación o a menor edad, más tolerancia con la medida), no deja de ser una amplia mayoría la que la rechaza.

Ésta podría ser otra de esas decisiones públicas donde, no necesariamente la opinión ciudadana entiende de la complejidad del tema, ni tiene todos los elementos para su discusión. Es, tal vez, uno de esos casos donde habría que ignorar lo que nos dice la opinión de las mayorías y legislar por principio (argumento liberal que afirma al individuo y su derecho a decidir) o funcionalidad (reducir los niveles de violencia de la lucha contra el narcotráfico).

Sin embargo, la alta visibilidad y gran controversia que genera este debate, nos distrae de otra discusión en curso en la que, observar o atender a la opinión pública, podría ser de mayor relevancia: la regulación sobre antibióticos. Este es un problema de salud pública en el que posiblemente, la legislación aprobada recientemente, no sea suficiente para corregir de manera eficaz algunas prácticas y, por ello, la observación de hábitos y creencias resulte importante.

A partir del 25 de agosto se requerirá de receta médica para conseguir antibióticos, lo que sin duda limitará su consumo. En la medida que consumimos mayor cantidad de antibióticos, las bacterias aumentan su resistencia, y con ello la necesidad de probar tratamientos más agresivos. Problema no menor que, si bien no es exclusivo de México, aun comparados con América Latina, nuestros números son preocupantes.

Aquí algunos números de Parametría para la reflexión:

La venta excesiva de antibióticos está precedida de un problema aún más grave, la automedicación. Casi una tercera parte de los mexicanos se automedica para padecimientos que se consideran serios (31%, en opinión del entrevistado), y más del 50% lo hace en caso de padecimientos que se evalúan como “leves”.

En lo que se refiere al uso de antibióticos en particular, sorprende que seis de cada 10 mexicanos han adquirido estos fármacos sin receta médica. Sumado a esto, poco más de la mitad (51%) dice no terminar sus tratamientos incluso con prescripción e instrucciones de que así debe hacerse.

En la dimensión de las creencias: una tercera parte no considera que el uso de antibióticos hace más resistentes a las bacterias, y una cuarta parte cree —contrariamente a lo que dicen los médicos—, que son útiles para combatir padecimientos virales.

Con estos números, da la impresión de que la nueva legislación que intenta corregir estos comportamientos o creencias, tal vez no sea suficiente. Junto con la ley, idealmente debería de haber una campaña de comunicación que informe, corrija o cambie algunas de estas percepciones públicas.

Frecuentemente, para cambiar un comportamiento, no es suficiente modificar la regulación o restringir los hábitos en curso. Es fundamental que se cuente con la cooperación y el acuerdo de los afectados por la medida. Si bien es cierto que la mayor parte de los entrevistados (60%) está de acuerdo con esta política, no dejan de ser preocupantes las prácticas de quienes consumen antibióticos o se automedican.


El costo económico de la automedicación o del consumo no regulado de antibióticos es muy alto no sólo para el gobierno, sino incluso para los propios ciudadanos. Éstos podrán argumentar que el costo de pagar una consulta puede ser muy alto, pero el costo de no tener medicamentos eficaces y por lo tanto poner en riesgo su salud, es sin duda mayor.

Las campañas exitosas de comunicación de salud pública han probado diferentes modelos para corregir las actitudes relacionadas con padecimientos como alcoholismo, tabaquismo, obesidad, diabetes, sida, etcétera. La automedicación es un problema de salud pública que tendrá que ser atendido de la misma manera para poder lograr un cambio, ya sea con un modelo informativo, de vigilancia o castigo social, empático, o ya sea que infunda peligro o miedo.

Cualquiera que sea el modelo, lo único seguro es que la nueva legislación no será suficiente y lo ideal sería tener una campaña de comunicación de manera simultánea.

Parece ser que los diagnósticos de opinión no presentan necesariamente la misma utilidad para todas las políticas públicas. Los dos casos mencionados, actualmente en discusión, pueden ser un ejemplo de ello.

Artículo publicado en El Universal, 19 de agosto 2010.

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