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Carta Paramétrica
La aprobación del Tlatoani

La pregunta de aprobación presidencial es un indicador de desempeño de gobierno que permite comparar la actuación de diferentes niveles de autoridad en el mundo y a lo largo del tiempo. Por ejemplo, nos permite saber que en Estados Unidos las presidencias de Kennedy y Bush padre han sido las mejor evaluadas en la historia de ese país (arriba de 80 por ciento); sabemos también que el republicano Nixon después del escándalo de Watergate disminuyó su aprobación y creo en sí mismo un concepto: aprobación “subNixon” (por debajo de 28%). O que en México la aprobación de Carlos Salinas durante la reforma al campo y a la educación registró un histórico 82%, y que Ernesto Zedillo estuvo por debajo de los 30 puntos a inicios de 1995 luego de “el error de diciembre”.

Con este indicador nos enteramos también de que la presidenta chilena Michelle Bachelet es la mejor evaluada en América Latina (80%) y que aún así la Concertación (alianza de la cual su partido forma parte) perdió la presidencia en la elección presidencial del mes pasado. Sabemos que el presidente brasileño Lula, no obstante su popularidad en el mundo, en su país no pasa de 60%, -similar a la de Hugo Chávez por cierto-. Incluso podemos saber que el actual presidente del vecino del norte Barack Obama es más popular en el resto del mundo que en su propio país. Es decir, es un dato de extrema utilidad porque en un solo número se resume la evaluación que hace un ciudadano a su líder en turno.

Hoy día en México la mayor parte de las mediciones de aprobación presidencial de febrero están entre 53% y 59% (Buendia 56%, Consulta Mitofsky 53%, Reforma 57%, Parametría 59%). Y si tomamos la última de GEA ISA de noviembre el rango se abre a 52%. Es decir, en general no hay mucha diferencia entre ellas y ninguna está por debajo de 50%.

Sólo hay un dato que se sale de este rango: el de Edmundo Berumen que estima el 41% de aprobación para Calderón.

La pregunta de aprobación presidencial tiene diversas variantes según cada diario o investigador. Se cuestiona si en general el ciudadano aprueba o desaprueba, si aprueba o reprueba, o incluso si está de acuerdo o en desacuerdo con la forma en que el presidente realiza su trabajo. Hay diferencias de sutileza metodológica, pero no por ello menos importantes como si se incluye o no la categoría intermedia “ni aprueba, ni desaprueba”. Cuando se incluye la categoría intermedia los niveles de aprobación bajan en general.

Los métodos de los datos reportados coinciden en general, muestreo, fechas, fraseos y en la mayor parte de los casos incluso el número de categorías de respuesta. Por ello, no obstante estas diferencias metodológicas de fraseo o en categorías, en general la diferencia del promedio del gremio y Berumen no parecen explicarse.

El problema con la aprobación presidencial, es que a diferencia de un dato electoral no tenemos un referente o parámetro. Es decir no llega el día “D”, el día del “corte de caja”  en que el ciudadano sale a votar “el acuerdo presidencial”. A los investigadores se nos evalúa en nuestra precisión a partir de  nuestra última medición pre-electoral. Para el caso del acuerdo presidencial no tenemos esa evaluación. Por ello no existe dato “correcto”. A lo más que llegamos es a un dato por consenso y eso no lo hace correcto o incorrecto. Por ello creo que hay que tomarse el dato de Berumen de manera literal y al ver los datos en conjunto lo que habría que dar por hecho y explicar es la variabilidad.

Al tomar en cuenta experiencias de medición recientes y de controversias similares parece útil recordar la que se dio hace un año con el mismo Berumen. A inicios de año, en enero de 2009 Berumen publicó un dato que daba 18 puntos de ventaja al PRI por encima del PAN, mientras otros investigadores tenían una elección empatada. La diferencia entre estos dos partidos fue de casi 9 puntos. Asumiendo que en enero ya se podía medir lo que sucedió  en julio, en esa ocasión el dato de Berumen fue también el dato extremo. Con estas dos controversias se podría ubicar a la consultoría como “fuera de rango” o fuera del consenso, pero no más distante que otros del dato “correcto”.

En realidad, aún más importante que explicar la variabilidad o diferencia de los datos, lo que tenemos que explicar es por qué el acuerdo presidencial en el consenso está tan alto dada la situación del país. Cuando se presentan los datos de expectativas económicas e inseguridad fuera de México las audiencias se quedan sorprendidas del contraste entre lo bajo de los indicadores de inseguridad y economía y el alto nivel de aprobación del presidente.

Una primera explicación es que se está evaluando a la persona y no a la gestión. Otra es que se evalúa el esfuerzo del presidente y no su resultado. Una tercera más de fondo y que se presta a un análisis más profundo es nuestra incapacidad para criticar a nuestras autoridades, para reprobarlas. Si esta última fuera la explicación, y al parecer hay elementos de sobra para sustentarla, tenemos que cuestionar que significa la “aprobación presidencial”  en México, y si es comparable con otros lugares del mundo.

En un análisis histórico más largo y de diversas series disponibles son excepcionales las ocasiones en que el acuerdo presidencial baja de 50% en México. Es decir el alto acuerdo presidencial es una constante. La evidencia disponible sugiere que es una característica del ciudadano mexicano aprobar a su presidente aún cuando percibe que su gestión no es la mejor y que el gobierno no cumple con sus labores fundamentales.

Un dato que ilustra: de acuerdo con la última medición nacional de Parametría, aún más del 50% aprobación presidencial, seis de cada diez mexicanos (62%) cree que a Calderón no le importan las principales necesidades de la población; 50% considera que México va por el camino equivocado. El 63% cree que empeoró la economía en el último año y, más aún, el 82% culpa de esta situación al gobierno federal. En cambio, al ponerle nombre al titular del Ejecutivo, la ciudadanía no le transfiere la responsabilidad.

Si esto es así nuestro indicador de aprobación presidencial es inútil, inoperante porque tiene poca varianza, porque no se mueve independientemente de la situación del país. Porque se estaría evaluando a la institución y no a la persona o su gestión. Porque tal vez estamos evaluando a una institución que nos intimida y nos rebasa. Tal vez estamos evaluando al Tlatoani, al cual es obviamente imposible reprobar.

FUENTES:

PARAMETRÍA:Encuesta en vivienda. Representatividad: Nacional. Número de entrevistas: 1,200. Nivel de confianza estadística: 95%. Margen de error (+/) 2.8%. Diseño, muestreo y análisis: Parametría SA de CV. Operativo de Campo: Lumich Consultores. Método de muestreo: Aleatorio sistemático con probabilidad proporcional al tamaño. Unidad de muestreo: Las secciones electorales reportadas por el IFE. Fecha de levantamiento: del 17 al 21 de Diciembre del 2009.

PARAMETRÍA:Aprobación presidencial (encuesta nacional), febrero 2010.

GEA-ISA:Cuarta encuesta nacional, noviembre 2009.

Buendía y Laredo:Encuesta trimestral sobre aprobación del trabajo de Felipe Calderón como Presidente de la República, marzo 2010.

Consulta Mitofsky:Evaluación de gobierno, febrero 2010.

Reforma:Encuesta. 13 Evaluación al Presidente Felipe Calderón, marzo 2010.

Berumen-El Universal:Encuesta Evaluación al Presidente, marzo 2010.

Artículo publicado en El Universal, 3 de marzo de 2010.

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