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Carta Paramétrica
Consumo o desempleo: ¿cuál define mejor la aprobación presidencial?

El Inegi publicó el martes pasado los datos de Confianza del Consumidor. Usualmente esta fue una medición que se hacía cara a cara en hogares. Esta entrega y la del mes anterior —abril— se realizaron de manera telefónica. El cambio de metodología lamentablemente rompe con una serie histórica. Esto es otro de los costos de la pandemia. La institución con los mejores datos estadísticos sobre la condición del país no ha podido continuar con sus mediciones históricas.

Los datos no son comparables en sentido estricto. El Inegi consideró necesario usar dos nombres para hacer esta distinción. El acrónimo utilizado desde 2012 para definir la Encuesta Nacional de Confianza del Consumidor no puede ser usado nuevamente para esta entrega (ENCO). La nueva medición propuesta se llama ETCO: Encuesta Telefónica de Confianza del Consumidor.

No tendremos un dato comparable para poder estimar lo que sucede en el país hasta que el Inegi pueda salir nuevamente a campo para hacer entrevistas cara a cara. Esperemos que esto suceda pronto y salir del vacío informativo que tenemos en este y muchos otros temas.

Cualquier metodología que quiera compensar lo que nos ofrece una medición cara a cara para comprender el país es imperfecta. Se puede ponderar para representar grupos demográficos que no se incluyen en las mediciones telefónicas o aún más grave en las que se realizan por internet. Pero cuando estamos hablando de temas que dependen más de grupos definidos por la forma en que piensan y no por sus datos demográficos no hay forma de remediar el faltante. Al final en las sociedades es más importante entender a la opinión pública por lo que piensan y no por quiénes son.

Aun con estas advertencias no podemos dejar de observar la secuencia de ambas series del Índice de Confianza del Consumidor. Al comparar el dato literalmente, la caída de mayo de 2019 a mayo de 2020 es de 13.2 y de abril a mayo de 2020 es de 1.1. Es decir la caída más severa del índice no se dio de abril a mayo de este año, sino que se dio en la medición previa de marzo a abril del año en curso.

Algunos académicos sugieren que el Índice de Confianza en el Consumidor está correlacionado o podría explicar los porcentajes de Aprobación Presidencial. Estas teorías suponen que la aprobación de una autoridad o su preferencia electoral dependen de las variables económicas de manera preponderante. Sin duda es una de las teorías más poderosas del análisis electoral o de opinión pública: voto económico o voto de bolsillo.

Estás teorías se basan en casos generales. Sin embargo, tienen muchas excepciones. Por ello no es del todo concluyente lo que pueda pasar con una baja o caída de tal magnitud del Índice de Confianza del Consumidor en nuestro país, y si esto se reflejará en la Aprobación Presidencial.

Probablemente de los casos de excepción, uno de los más relevantes, es el de nuestro vecino del norte. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha tenido niveles de aprobación entre 38 y 44 por ciento en la mayor parte de su administración. Sin embargo, hasta hace poco tiempo su economía crecía a poco más de 3 puntos porcentuales y el Índice de Confianza del Consumidor era alto. Este es un buen ejemplo en el que, obstante una buena gestión en temas económicos, la evaluación de otros temas cuestionan los niveles de aprobación que el presidente obtiene.

Otro ejemplo doméstico es el del expresidente Enrique Peña Nieto. Si revisamos el histórico de su administración se puede observar que no hay correspondencia entre la aprobación de su administración y el Índice de Confianza del Consumidor. La economía creció en promedio alrededor de 2 por ciento durante toda su administración. Los Índices de Confianza fueron a la baja, pero no con la pendiente que cayó la Aprobación Presidencial.

No podemos saber si esta caída afectará de manera directa a la aprobación del presidente López Obrador o más bien será de manera indirecta. Es probable que más allá de los datos de este índice, otros datos más relevantes puedan ser un mejor indicador de su aprobación. La crisis económica que tenemos en puerta va a tener sin duda un efecto en la opinión pública y el electorado. Lo que desconocemos es la magnitud, pero intuimos la dirección.

De acuerdo con Luis Miguel González, director del periódico El Economista, diariamente se pierden 11 mil empleos en el país, esto significa que cada mes se pierden cerca de 350 mil. Con este acumulado en las cifras de desempleo la pregunta es si las ayudas sociales que el gobierno federal piensa distribuir serán suficientes para compensar la falta de ingreso de los hogares.

¿Estos números en el desempleo o baja de ingreso en los hogares se reflejarán en el Índice de Confianza del Consumidor? Muy probablemente sí. Si es así, podremos demostrar que este índice, afectará la aprobación presidencial. Nuevamente lo que no sabemos será la magnitud.

Tal vez la pregunta es qué indicador será mejor predictor de la aprobación presidencial en esta coyuntura y con la magnitud de esta crisis. Es muy probable que este indicador sea el desempleo. Número del que depende de manera implícita el Índice de Confianza del Consumidor. Tal vez el Índice de Confianza de Consumidor resulte mejor predictor en tiempos normales o de bonanza, en una situación de crisis extrema probablemente el desempleo sea un mejor estimador.

Nota metodológica: La Encuesta Telefónica de Confianza del Consumidor (ENTO) se lleva a cabo del 11 al 29 de mayo de 2020 a personas mayores de 18 años usuarios de teléfono celular. El tamaño de la muestra fue de 2143 entrevistas. Muestreo aleatorio simple y estratificado; marco de muestreo construido a partir del Plan Nacional de Numeración, publicado por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y actualizado al mes de abril de 2020.

Columna publicada en Milenio

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